Él estará escuchando

Deje que el Espíritu desarrolle su oración. Trate de asimilar la verdad que le está mostrando y espere a que actúe en usted. Afirme la petición en su mente y cuando esté preparado, preséntesela a Dios. Créame, Él estará escuchando.

¿Alguna vez ha estado en oración y de repente le ha perturbado la idea de que Dios no está escuchándolo?

Esto nos sucede a todos. Pero poco sabemos realmente qué hacer. Oramos de manera inconstante, diciendo las mismas oraciones de siempre, y esperamos con cierta incertidumbre que sean contestadas y sospechamos con cierta certeza que no lo serán.

Hoy quiero mostrarle cómo resolver ese dilema de una vez por todas. Pero déjeme advertirle, no voy a darle una palmadita en la espalda y asegurarle que Dios escuchará cualquier cosa dudosa o egoísta que usted le diga. No lo hará. El sólo ha prometido escuchar las oraciones que se hacen conforme a su voluntad. El apóstol Juan dice que si usted ora así, puede estar seguro de que recibirá las peticiones que le haya hecho a Dios.

La palabra petición se define como “una solicitud formal escrita y dirigida a un superior soberano sobre una gracia o derecho en particular”, y eso es exactamente lo que usted necesita cuando ora por algo serio.

¿Cómo se prepara una petición sólida que esté de acuerdo con la voluntad de Dios?

En primer lugar, tiene que escudriñar la Palabra de Dios. Encuentre pasajes bíblicos que se aplican a su situación y úselos como la base de su petición.

Luego arrodíllese y pregunte al Espíritu Santo. Deje que le ayude a desarrollar su petición en forma detallada. La mejor manera de hacer eso es pasar tiempo orando en otras lenguas. (Véase Romanos 8:26-27). Espere que Dios le muestre cosas “de corazón a corazón”. El quiere que usted conozca su voluntad. Por lo tanto, ponga atención cuando esté orando.

Por último, escríbalo. Haga una petición formal escrita, anotando cada pasaje que encuentre. Además, al esperar que el Espíritu Santo le dé detalles, anote las ideas y pensamientos que Él le dé.

Tómese el tiempo necesario. Deje que el Espíritu desarrolle su oración. Trate de asimilar la verdad que le está mostrando y espere a que actúe en usted. Afirme la petición en su mente y cuando esté preparado, preséntesela a Dios.

Créame, El estará escuchando.

1 Juan 5:14,15 “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye, y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos la peticiones que le hayamos hecho”.

CAMBIE LA IMAGEN

De acuerdo a Romanos, la esperanza es ver algo que no se puede ver. ¿Cómo se hace eso? Se hace mirando con los ojos espirituales las promesas de Dios contenidas en su Palabra hasta formar la imagen que queremos.

Por ejemplo, una de las cosas más difíciles que tuve que hacer fue encarar el hecho de que la imagen que tenía de mí mismo era la de una persona gorda. No importaba cuánto yo trataba de cambiar, la imagen seguía en mi mente. Siempre estaba siguiendo dietas especiales. Debí de haber perdido (y recobrado) cientos de libras a través de los años.

Por último, tuve que admitir que mientras siguiera viéndome a mí mismo como alguien gordo, mi figura externa seguiría siendo igual a mi imagen interna. Recuerde que la fe es la que cambia las cosas, pero si no hay una imagen interna de esperanza, la fe no puede hacer nada. Entonces decidí ayunar por siete días. Busqué en mi Biblia todos los pasajes que hablaran acerca de la alimentación, y encontré muchos. Medité en cada uno de esos pasajes y oré en el Espíritu por siete días. ¿Qué estaba tratando de lograr con ello? Estaba formándome una imagen interior diferente.

Esto no es algo que usted podrá hacer de la noche a la mañana, sino que lleva tiempo, especialmente si ha tenido por muchos años la imagen interna que está tratando de cambiar. Pero usted podrá hacerlo. Vaya a la Palabra de Dios y empiece hoy mismo a cambiar la imagen que tiene de sí mismo, transformándola en una imagen de esperanza. Dibuje el plano en su corazón para que su fe se edifique sobre ese plano.

Referencia Escritural: Romanos 8:24,25 “Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?”

Por Kenneth Copeland

~ por blogzonacristiana en julio 15, 2013.

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