Cuando no encuentras respuestas

En su gran sabiduría Dios nos concede el privilegio de recibir la respuesta en el momento apropiado.

Nos gusta encontrar respuestas para todo, aunque muchas veces Dios reserva para si algunas de ellas.

Hay ocasiones cuando pedimos a Dios una respuesta, una salida, alguna solución para nuestro conflicto, y aunque intentamos de muchas maneras recibir alguna señal, todo permanece igual y nada parece suceder.

Es allí cuando comienzan a aparecer en el horizonte nubes oscuras de des-confianza, que tratan de opacar la luz y el brillo de la fidelidad y el amor de

Dios hacia nuestras vidas.

El conflicto surge debido a un problema horario, Dios tiene sus tiempos y nosotros el nuestro. Nuestro tiempo es limitado, el de Dios es eterno. Nuestro tiempo responde a la necesidad de lo urgente, debido a eso muchos, vivi-mos una carrera frenética. Dios no se desespera por nada, él tiene todo bajo control.

Mientras la tecnología avanza, pone a disposición del ser humano, mas y más herramientas a fin de ayudar a este a realizar las cosas con mayor facilidad, a pesar de ello, vivimos apurados y sin tiempo. En una oportunidad se nos descompuso el horno microondas, un artefacto que utilizamos para calentar las comidas y el biberón de nuestros hijos. Debido a esto, para calentar los alimentos tuvimos que volver por unos días a los métodos tradicionales. Entibiar el biberón de nuestros hijos se volvió algo más complejo que lo habitual, teníamos más demora, ya que primero había que calentar un reci-piente con agua, etc., etc. Esto me desesperaba, pero no entendía la razón, ya que con nuestra primera hija utilizamos el sistema tradicional para calentar sus alimentos y nunca tuvimos problemas. Es que los seres humanos nos acostumbramos a las comodidades, a lo rápido, a lo más eficiente y una vez que entramos en esa corriente es difícil volver atrás.

En el plano de lo espiritual sucede lo mismo, a veces recibimos respuestas inmediatas a nuestras necesidades y pensamos que siempre debería ser así, en cambio Dios demora respuestas para enseñarnos ser pacientes y a esperar el tiempo de Él.

El tiempo de Dios no es como el nuestro, su calendario es eterno, por tanto para el no hay pasado, ni futuro o presente (Eclesiastés 3:15). Nosotros utilizamos para medir nuestros días el sistema de calendario romano a fin de poner un orden a nuestro tiempo o darle algún tipo de interpretación, en cambio Dios interpreta los espacios de tiempo en forma diferente. Para él un día es como mil años y mil años como un día (2Pedro 3:8). Tu vida se rige por el calendario romano, tus sueños y los planes de Dios para ti se rigen por el calendario divino normalmente conocido como “Kairos”.

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Ec 3:1)

Es decir que hay un momento apropiado, correcto, y preciso para cada cosa. Interpretar ese momento, hace la gran diferencia entre el sabio y el imper-tinente. El impertinente es aquel que a pesar de tener buenas intenciones, ejecuta sus acciones y palabras en el momento incorrecto, produciendo resultados negativos. Es el típico “desubicado” e inoportuno que menciona el libro de Proverbios, quien profería bendición a gritos sobre su amigo y eso no está mal, el problema era que cuando lo hacía era de madrugada y por supuesto, esta no es la hora más adecuada para andar gritando o mejor aún, para oír gritos. “El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de mañana, por maldi-ción se le contará…” (Pr 27:14) En cambio el sabio, es prudente, y actúa en el momento preciso, en ocasiones haciendo el mínimo esfuerzo, pero logrando los mejores resultados, pues hace sus actividades con inteligencia. Sus palabras, tal vez sean pocas y sencillas, pero penetran las profundidades del corazón humano, porque son pronunciadas en tiempo y ocasión.

“Hay oro y multitud de piedras preciosas; más los labios prudentes son joya preciosa”(Pr 20:15)

“Manzana de oro con figuras de plata, es la palabra dicha como conviene” (Pr. 25:11)

Así como las palabras adecuadas en el momento oportuno producen regocijo y refrigerio a nuestra alma, así también las respuestas otorgadas en el momento justo son más productivas, beneficiosas y de gran valor para nuestra vida. En su gran sabiduría Dios nos concede el privilegio de recibir las respuestas en el momento apropiado, ese momento exacto cuando el milagro, la salida o lo que necesitamos adquiere mayor importancia, significado e impacto. ¿Puedes creer esto? , ¿Puedes confiar en la sabiduría de Dios, reconociendo que él sabe cuál es el mejor momento para concederte lo que deseas? .Cuando nos comenzamos a impacientar permitiendo que la ansiedad y la preocupación dominen nuestra vida, estamos enviando en forma inconsciente un mensaje al cielo diciéndole a Dios que haga algo, que no sea negligente, que abra sus ojos y vea que este es el momento indicado para actuar. Dios en su gran amor y sabiduría reserva la respuesta para un momento más propicio pues se da cuenta de que todavía no estamos preparados para acceder a su favor. Cuando esto ocurre nos llenamos de indignación o en el mejor de los casos, bajamos los brazos y abandonamos nuestros anhelos. No renuncies a tus sueños, que no haya señales positivas que te muestren algún tipo de avance, no significa que todo permanezca igual, en el ámbito espiritual seguramente están sucediendo cosas.

Cree que ahora mismo, se están estableciendo contactos que impulsaran tu futuro…

Finanzas se sueltan a tu favor… Cambios positivos vienen para tu familia… Prisiones de oscuridad se abren liberando las bendiciones que Dios tiene para ti… Lo que estaba muerto resucita, lo estéril produce fruto al ciento por uno… Tu tristeza se convertirá en risa y tu lamento en gritos de alabanza…

Y aunque tardare un poco, se apresura el cumplimiento de todo lo bueno de Dios para tu vida, espéralo, sin duda vendrá…

Por Mario Serrano – Libro “Claves para una vida mejor”

~ por blogzonacristiana en enero 29, 2013.

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