¡Nunca, nunca te rindas!

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El Señor te dice, ¡siete veces caerá el justo, pero de todas ellas se levantará!

(Lectura Juan 5: 1-9,14) Este es un mensaje de fe para todos aquellos que hace tiempo están pasando un estancamiento económico, familiar, de proyectos personales que no se realizan, para aquellos que tienen sus emociones quebradas, que su cuerpo está debilitado, que en lo social se sienten excluidos y en lo espiritual no hay resultados.

Vivimos en una sociedad donde cada uno está sumergido en sus cosas, cada uno tratando de solucionar sus propios problemas, por eso hoy necesitamos la ayuda de Dios y no poner nuestras expectativas en la gente para no desilusionarnos.

 

El Señor quiere irrumpir en tu vida, para liberarte, sanarte, levantarte.

 

En el estanque de Betesda, (casa de misericordia, fuente de manantial), había un inválido entre cuatro tipos de personas.

 

Muchos Enfermos

 

La palabra enfermedad viene del latín y su significado es «falto de firmeza, debilidad». Salud es definida por la Constitución de 1946 de la Organización Mundial de la Salud como el estado de completo bienestar físico, mental, social. No es solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Por lo tanto, una enfermedad sería una “alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible”.

 

En lo físico

 

Hay momentos difíciles que una persona atraviesa, quizás estás en un hospital, o en tu casa postrado, o en una silla de ruedas, no tienes firmeza física porque el cáncer está en tu cuerpo, un virus, es probable que una bacteria alteró el funcionamiento normal de tu organismo, o un accidente afectó una o varias partes de tu cuerpo.

En algunas mujeres su útero no tiene la firmeza, la fuerza para albergar su sueño de tener un hijo. Tienes dolor en los huesos, en la cervical, mal funcionamiento de tu corazón, te alimentas mal y tienes sobrepeso, o una vida sedentaria que te impide estar bien. Quieres ser sano pero ya no depende ti, tu cuerpo se debilitó por las drogas, el alcohol, el tabaco.

Una mujer llamada Noemí tuvo dos hijos y les puso por nombre: Mahlón: enfermo, enfermizo y Quelión: débil, defectuoso. Y poco tiempo después los dos hermanos murieron. A través de sus nombres ellos estaban identificados y ligados con la enfermedad, la debilidad y lo defectuoso.

Es muy importante que sepas que como te dices o rotulas, te vas a identificar con la fuerza, la salud o la debilidad. Si dices todos los días; mi enfermedad, estoy enferma, no aguanto más, no le estás dando la oportunidad al Señor para que te sane.

 

Jesús dice: “Lo que tú digas será hecho”.

 

De tu boca deben salir palabras de sanidad, de fortaleza, de vida. Aunque tu cuerpo esté débil, tu boca debe declarar palabras de sanidad y de vida, porque el Señor respalda su palabra.

No sé qué debilitó la fuerza de tu cuerpo, que es lo que alteró su firmeza, solo sé que en este día Jesús viene para decirte, ¿no te dije que si crees verás la gloria de Dios?

 

En lo mental

 

Hay situaciones que alteraron tu manera de pensar, de sentir y, por lo tanto, tu estado de ánimo y también tus relaciones con tu esposo, esposa, hijos, amigos, en tu trabajo. Disminuyó tu capacidad para afrontar las exigencias diarias y normales.

Hay un desorden cerebral y esto afecta a personas de cualquier edad, raza, religión. Una situación imprevista o la falta de resultados produjeron un trastorno del razonamiento en tu mente. Se alteró tu comportamiento, te cuesta adaptarte a algunos cambios en tu vida y hoy necesitas la ayuda de un consejero, un grupo de autoayuda e inclusive este desajuste mental está afectando tu estado físico.

Quiero decirte que dentro del cuadro mental que estás viviendo hoy el Señor viene a tu vida para decirte, ¡diga el débil, fuerte soy!, porque lo que creas y digas será hecho. Es hora de recuperar tu fuerza física y energía mental.

En lo social

 

Estás experimentando estrés por situaciones difíciles que no puedes superar, te sientes incapaz de cumplir con algunas responsabilidades familiares, laborales. Tu hacer está debilitado, tu funcionalidad no es satisfactoria y, por lo tanto, afecta tu cuidado personal y otras áreas. Perdiste el rumbo.

Entre los síntomas psicológicos del estrés están la ansiedad, tensión, preocupación incontrolable, irritación, distracción y dificultad para aprender cosas nuevas. Esto te afecta en tu hacer, sientes un debilitamiento que cambió tu estilo de vida, alteración en la relación de la familia, en lo social, tu rendimiento físico e intelectual ha disminuido y sientes que te es imposible sostener nada.

No sé qué experiencias fuertes estás viviendo, cuánto hace que estás así, o cuántas veces te caíste. Solo quiero decirte que llegó el día de recuperar el equilibrio, de ver más allá de lo que la realidad te muestra, de recuperar tu fe y esperanza, y volverte a levantar.

El Señor te dice, ¡siete veces caerá el justo, pero de todas ellas se levantará!

Esta gente esperaba un golpe de suerte. La suerte de ellos era que bajara un ángel que moviera las aguas del estanque y el primero que se metiera en ella quedaría sano. Pero uno de ellos necesitaba ayuda de otros. Este hombre le dice a Jesús, “otro desciende antes que yo”.

El ángel representa el golpe de suerte que esperas, esa ayuda que no sabes cómo puede llegar, pero que estás esperando cada día. Escuchas que gente desconocida ayuda a otros, contactos de oro que se le presentan a mucha gente, oportunidades de oro que la gente recibe, pero no se te presenta nada, todo pasa a tu alrededor, ves y oyes que les sucede a los demás y a ti nada.

El movimiento de las aguas es cuando ves que los demás son bendecidos, que les va bien. Parece que Dios escucha a todo el mundo menos a ti. Crees en Dios, oras, ayunas, te congregas, pero los demás son los que avanzan, se sanan, prosperan y te preguntas, ¿y yo cuándo voy a ser bendecido?

Hoy tengo muy buenas noticias para ti. El Señor vino a tu vida para sanarte y levantarte, porque él sabe que ya hace mucho tiempo que estás así.

Como le pregunto a este hombre, te pregunta a ti, ¿quieres ser sano? Si estás de acuerdo entonces declaremos juntos tu sanidad.

Di en voz alta: “Padre, hoy decido no estar más en debilidad física, en debilidad mental. Hoy decido declarar con mi boca palabras de sanidad para mis huesos, declaro sano mi corazón, declaro que todo virus o bacteria que entró a mi cuerpo en este momento se seca, por el poder de tu palabra”.

A través de tu palabra declaro sano mi mente, mi cuerpo, mis emociones. Yo renuncio a toda debilidad en lo físico, en la mente, en lo espiritual. Nunca más saldrán de mi boca palabras de enfermedad, de muerte, de derrota, porque a partir de hoy solo voy a escuchar tu palabra.

Señor, renuncio a depender de los demás, a esperar que alguien quiera ayudarme. Renuncio a sentirme débil cuando no reciba la ayuda de otros.

¡Declaro que estoy libre en mi cuerpo, en mi mente, en lo social, de toda enfermedad, de toda debilidad! Lo hago en el nombre del Señor Jesucristo. Amen y amén.

¡Levántate, toma tu lecho y anda, estás sano! ¡Disfruta la vida!.

 

Por Felipe Matto

~ por blogzonacristiana en diciembre 3, 2012.

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