No envidiar, apreciar

“Luego observé que a la mayoría de la gente le interesa alcanzar el éxito porque envidia a sus vecinos; pero eso tampoco tiene sentido, es como perseguir el viento”. Ec. 4:4 (NTV)

La envidia es la distorsión de la apreciación o admiración. Generalmente la raíz de la envidia es baja estima, el envidioso cree que vale poco, se percibe a si mismo como inferior, no se gusta, no esta satisfecho con su vida o con su cuerpo o con sus logros, el sentirse un fracasado es también un motivo que genera envidia. Todos hemos experimentado alguna vez la envidia y puede que eso vuelva a suceder, pero si somos sanos completamente en nuestras emociones e identidad, podemos estar tranquilos que la envidia no tendrá cabida en nuestros corazones.

La envidia es aborrecer el bienestar, la prosperidad y los logros de los demás. Alegrarse cuando a otro le va mal o sufrir cuando a otro le va mejor, es la base de la envidia.

La envidia no es objetiva, es decir no se envidia necesariamente que otro gane más dinero que yo, o que tenga un auto más grande, la envidia va mucho más allá, el envidioso puede sufrir por cualquier persona que tenga o logre algo que antes no tenia.

Es decir la envidia en un punto es orgullosa y egoísta porque la persona pretende ser única, quiere gloriarse menospreciando a los demás. La envidia pretende destruir a los demás.

Generalmente cuando una persona critica a la otra en algo que hace o algo que tiene esta envidiando. Hay personas que tienen ciertos conflictos con algún vecino, familiar o amigo y siempre se enojan y lo están criticando o menospreciando, pero lo que en verdad les pasa es que en el fondo lo envidian, no soportan las cosas buenas que el envidiado vive. Cada vez que alguien tiene éxito el envidioso lo interpreta como su propio fracaso.

Aunque el envidioso sufre por dentro y se carcome logra algo de alivio temporal al hacer sentir mal a los demás, cree que “aunque sea” el otro se sienta mal y no disfrute lo que tiene. Satanás envidio a Dios y a su creación y también nos envidia a los hijos de Dios, así que cuando alguien envidia esta lleno de una raíz terrenal y diabólica. No existe la “envidia santa” si vemos que alguien logra algo bueno debemos admirarlo, alegrarnos y tomar su ejemplo, para que nosotros alcancemos todas nuestra metas. Si estás envidiando, entonces todavía no estás apto para recibir más bendiciones de Dios, si ves algo que te puede causar envidia alégrate y bendícelo, porque significa que si Dios se los dio a otro te lo puede dar a ti también.

 

(…) Y al codicioso lo consume la envidia. Job 5:2 (RV)

El codicioso sufre de envidia, quiero todo lo que tienen los demás “ama las cosas”, “ama el dinero o la vanagloria sobre todo”. El envidioso sufre por dentro, aunque quizás no lo demuestre se carcome los huesos. La envidia no solo trae sufrimiento psicológico y emocional también puede traer problemas de salud.

 

“El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.”. Proverbios 14:30 (NVI)

 

LOS SINTOMAS DE LA ENVIDIA

1. Critica generalizada, criticar a casi todo el que me rodea, buscar defectos ajenos, señalar, Juzgar. Cuando alguien hace algo bien le buscamos la falla de alguna forma.

2. Cuando alguien con diplomacia nos dice: “no te quiero ofender, pero…” lo que quiere es hacerte sentir mal, porque te envidia.

3. Chusma, el envidioso es chusma porque quiere saber detalles de la vida de los demás para ver “hasta donde” el otro es mejor o peor que él. Siente que su vida es un fracaso, pero quiere controlar (chusmear) a ver si la vida de los demás es peor, y con eso se consuela en su desdicha. Cuando alguien viva hablando de los demás, en verdad lo que hace es escaparse de su realidad. Es un envidioso.

4.  Comparar, cuando al momento de recibir una noticia, un comentario de algún logro de otro dice: “Ha pero Yo, a mi, porque Yo esto y lo otro…” se compara todo el tiempo, no escucha, sino que automáticamente se refleja o compara en algo con su propia vida.

5. Si no te podes reír cuando a otro le va bien, dalo por seguro que hay envidia.

6. Motivación incorrecta, cuando tu motor y motivación son solo copiar o llegar a hacer lo mismo que los demás. No hacer las cosas genuinamente, por vocación, por gusto, sino solo para competir es envidia.

 

¿Cómo ser libres de la envidia?

 

CONOCER MI POTENCIAL

Para que la envidia no te afecte debes estar tranquilo con tu propia capacidad, Dios repartió dones y talentos para todos, sean diferentes o no, pero cada uno puede resaltar en aquello para lo que nació, hay algo que te gusta hacer y eres bueno, en eso tienes que enfocarte. Recuerda esta frase: “Cada estrella tiene su propio brillo”. Conocer el valor de tu capacidad que te fue dada por Dios es abrir los ojos a tu verdadera esencia de ganador, eres más que vencedor y todo lo puedes en Cristo que te fortalece.

 

ADMIRAR NO ENVIDIAR

Cada vez que veas a alguien ganar, llegar a la meta, ser bendecido recuerda que debes imitar su dedicación, su esfuerzo y festejar el favor de Dios en él. Nunca jamás pienses que el otro no merece algo, porque cada uno cosecha lo que sembró. Cuando veas el logro de otro alégrate porque es una señal de que podrás cumplir todas tus metas también. Nadie te va a quitar nada, nadie puede robarte el resultado de tu trabajo y tus sueños, son únicos, no te compares con nadie, compararse es necedad.

 

NO A LA OBSESIÓN SI A LA EXPANSIÓN

La envidia produce obsesión, hace que la persona este concentrada en los demás en todo lo que haga o no haga, pero esa energía la tienes que cambiar de lugar y concentrarla en tu expansión, en tu crecimiento y en tus metas y sueños. Enfócate en crecer tú mismo y no en obsesionarte en los demás. Canaliza la fuerza que tienes en cosas productivas, en pensar como puedes mejorar, en estudiar, perfeccionarte, en buscar a Dios, en ser cada día mejor.

Dios tiene mucho para darte, tu esencia no tiene límites de expansión y crecimiento, tu fin es estar bien, libre, bendecido y eso impartirlo y compartirlo con los demás.

Por último recuerda que debes siempre elogiar, apreciar y admirar a todas las personas por lo bueno que hacen o tienen, y no envidiarlas. Tu destino y tus bendiciones tienen tu nombre ¡No hay nada que envidiar! Adelante, ¡conquista tus metas sin dudar!.

Por Esteban Correa

Publicado por Erica Correa

~ por blogzonacristiana en mayo 8, 2012.

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